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Chiclana, cuna de oficios-La cestería: José Becerra Fernández: Entre jornal y jornal, una empleita


PEPE VELA M [colaboraciones].-

La cestería es uno de los oficios o artes practicado por la humanidad más antiguos, que se realizan a partir de fibras de origen vegetal como la palma, la caña, el esparto o el mimbre, o de origen animal como tiras de cuero o sintéticos para reciclar, como las tiras de plástico de botellas o los flejes de los pallets. José Becerra Fernández se ha llevado toda su vida en el campo y sus ratos libres los pasaba entre canastos, capachas, alfombras o serones, hechos con palma o esparto.

En 1857 en la Cueva de los Murciélagos de  Albuñol, Granada, se encontraron distintos utensilios hechos en esparto con más de 5000 años de antigüedad. Había un esqueleto con tela finísima de esparto y gorro del mismo material, como también unas sandalias que se encuentra en el  museo arqueológico de Granada.

Me cuenta Manuel Quiñones, de 93 años y muy buena memoria, que en la aldea de Naveros cuando llegaba el mes de julio, se dedicaban a recoger los cogollos del palmito y muchos de sus vecinos sacaban algunos jornales cuando en esa época había poca labor en el campo. Su yerno se dedicaba a comprarlos y revenderlos en Chiclana a los portugueses que venían por ellos todos los años.

Los cogollos,  una vez secados, se sacaba la palma y con ella se empieza fabricando  la empleita o pleita que son bandas  compuestas de distintas palmas entrelazadas en orden plano y ancho, deseado según las palmas a usar, generalmente de 5 a 9,  que luego cosido unas con otras, se va fabricando lo deseado como capachas, capachos, redores, esteras, canastos, serones, alfombras, etc.

Pero como me cuenta Antonio López, maestro espartero, “la diferencia de la palma al esparto es que mientras la primera era para artículos personales y del hogar, el segundo era más bien para las labores del campo y bodegas”.

Su vida, al igual que la de muchos andaluces, siempre giró en torno a las labores agrícolas, con muchos días sin llevar un  jornal a su casa y los trabajos artesanos eran necesarios para uso propio o para sacar algún extra en el que algunos, por habilidad o por relaciones, le hacían encargos y terminaban dedicándose de lleno a alguna especialidad, unos con la palma, otros con el esparto, la caña el mimbre o la enea.


UNA VIDA EN EL CAMPO

Hoy me encuentro con José Becerra Fernández, que el año que nació, 1929,  fue bastante movido: intento de golpe de estado, Exposición Iberoamericana de Sevilla o el hundimiento de la bolsa de Nueva York. Vino al mundo en el mes de noviembre,  en la zona rural de El Berrueco, donde su padre vivía dedicado a las labores agrícolas alejado del pueblo. Nunca fue al colegio, pero sí ha sabido buscarse la vida desde siempre.

Con 9 años se fue a trabajar de cabrero, pero su afición a la caza, hacía que las cabras se le despistaran y comieran los garbanzos de una finca, con las lógicas quejas dadas al señorito del cortijo, que motivó su despido. Ganaba entonces dos pesetas.

Después se fue con una cuadrilla de segadores ganando tres duros durante todo el verano. Cuando acabó la temporada encontró trabajo en Malauza cerca de Pinillos, donde desarrolló todas las labores agrícolas, llevando las yuntas, la siembra, la siega y la trilla, o aventar el grano.

En esta finca está más de 15 años, hasta que despiden a todos los trabajadores por la muerte del dueño, pues los herederos la repartieron en trozos más pequeños. Es entonces cuando entra a trabajar en el cortijo Guerra, donde estuvo también varios años.

ENSEÑANZAS PATERNAS

Nos cuenta José una historia acaecida en dicho lugar: “Llegó al cortijo un cura en una charrete (carruaje inglés de dos ruedas), algo habitual pues dentro había una capilla. Se encontraba allí la Guardia Civil de visita, habitual en la época, y resultó que el cura no era tal, sino un atracador, que le robó el dinero de una venta de vacas que había hecho anteriormente. Fue atracado con la Benemérita dentro del cortijo”.

Cambió de nuevo horizontes  y se fue a trabajar con Manuel Mena, que tenía  arrendada la Dehesa del Rosal, de don Jerónimo Almagro, el que fuera alcalde de Cádiz, conocido como el manco. Estuvo trabajando con el, que luego sería su suegro, pues es donde conoció a su hija María, haciéndose novios y al cabo de los años terminaron casándose.

El padre de José ya hacia las empleitas y le enseñó, y desde entonces, unas veces para él y su familia y otras por encargo o porque había una necesidad se dedicó a ello. Un canasto, un frutero o una capacha… Era habitual que todos los que vivían en el campo supieran hacerlo, y a sus 86 años nunca ha dejado de trabajar la palma.

OFICIO QUE SE ESTÁ PERDIENDO

Cuenta que uno quería un  serón con mucha prisa, pero no tenía palma seca. Éste le dijo que no importaba, “que la hiciera de palma verde, y cuando se la ponía a la burra, cada vez estaba más chico el serón a la vez que se iba secando”.

Hoy la recolección de muchas fibras naturales está prohibida, haciendo que muchas artes u oficios artesanales se estén perdiendo, además de la falta de interés de la gente joven, que en muchos casos es porque no conocen estas técnicas, por lo que habría que provocar su interés.

Dice José que ha llegado gente para pedirle que le enseñara a hacerlo, dándole gustoso clases. Un nieto suyo está aprendiendo a hacerla para su satisfacción. Muchos de sus trabajos han cruzado España llegando hasta Barcelona, Madrid y otros lugares.

Me despido de José con las ganas de ser alumno suyo, por la satisfacción de conseguir hacer con mis manos una capacha o un canasto, pero creo que algún día lo haré.



3 comentarios:

  1. Muy bueno el artículo y el tema. Historia de nuestro pueblo. Enhorabuena.

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  2. Pues a mi me encantaría aprender a hacerlo.

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  3. Todo muy cierto, y lo de venderle a los portugueses es verdad estos venía en el verano y tenían su sede en Bartivás donde sus barcos estaban allí amarrados hasta conseguir su carga y partir hacia su nación , ha y ellos tenían una parcela donde compraban y almacenaban las compras de los cohollos que arrancaban de las palmas ( palmones ) estaba esta parcela frente a la entrada a Bartivas ,o sea yendo para San Fernándo a la derecha , de la carretera .muchas personas aquí en Chiclana se buscaban la vida en el verano , bien en las salinas -en la siega ,en la cojida del cohollo , o en irse a la arranca del garbanzo en las campiñas de vejer y tarifa , esa era la vida muy dura y con menos exigencias como se tiene hoy, yo me acuerdo de un día que fuimos 6 compañeros a Barbate a la cojída del garbanzo , en las hazas de suerte , que denoche trompezamos con la guardia civil y nos pidieron documentación , pero el guardia mas viejo de la pareja cuando le dijimos que íbamos para la cojida de garbanzos le dijo al guardia mas joven no documentos no que nos enseñen las manos me acuerdo que el guardia mas joven le dijo ¿ porque las manos? y el guardia mayor le dijo al joven las manos del trabajador es el mejor documento , las tienen encallecidas del trabajo ¿ que mejor documento? y así fué les enseñamos las manos y nos dijeron tranquilos , buenas noches.

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