Estar o no estar

Nadie sabe muy bien quiĂ©nes son, ni por dĂłnde se mueven, ni quĂ© pretenden. A veces se les refiere en tono Ă©pico, más prĂłximo a la leyenda que a la realidad. Se cuenta que un dĂa cualquiera decidieron reunirse y hablar sobre cualquier cosa. Y sobre otras cualesquiera. Y otro buen dĂa volvieron a coincidir, y volvieron a hablar, y comenzaron a actuar, porque sĂ, porque les apetecĂa.
Nadie sabe quiénes son porque no son un movimiento, ni un grupo, ni una asociación, ni un partido, ni una panda. No tienen estatutos, no tienen objetivos, ni programa, ni principios. No pretenden ser nada, solo estar. Estar por estar, porque no hay más remedio.

Hay quien se pone nervioso solo con mencionarlos. Un peligro latente, sin duda. Actuar sin un fin determinado, Âża quiĂ©n se le ocurre? ÂżQuĂ© supone eso? ÂżVivir al dĂa, al momento, no vivir en absoluto? Les nombran y les temen, a ellos que ni siquiera aparecen, que jamás tratarĂan de influir en otros. ÂżA quĂ© se debe, pues, semejante aprensiĂłn?
Tal vez los objetivos, los programas y las ideas estén hechas para combatir y erguirse frente a sus semejantes. Tal vez el mayor temor de alguien que sostiene una idea contra viento y marea es, precisamente, hallarse en soledad en un mar en calma chicha, del mismo modo que un ejército se encuentra condenado a la extinción si ante él se extiende un campo de batalla desierto, sin enemigo alguno.
AsĂ que, entre el mito y la leyenda, de tanto en tanto hay quien casualmente se reĂşne sin objetivo ni fundamento para contemplar el mundo y reĂrse un buen rato. No pretenden burlarse, desde luego, ni destruirlo, ni nada en absoluto. Si pretendieran algo habrĂan caĂdo vĂctimas de su propia contradicciĂłn. Solo estar, estar por estar. Porque quien se sabe nadie se condena a sĂ mismo si pretende ser alguien.
Pon tu comentario